Elaboración:
- Remojar la miga de pan en un poco de agua fría durante unos minutos. Escurrir ligeramente.
- En un procesador de alimentos o robot de cocina, triturar las almendras con el ajo y una pizca de sal hasta obtener una pasta fina.
- Añadir la miga de pan escurrida y seguir triturando hasta que se integre por completo.
- Incorporar el agua fría poco a poco mientras se sigue batiendo para lograr una textura cremosa.
- Con la batidora en marcha, añadir el aceite de oliva en hilo fino para emulsionar, seguido del vinagre. Ajustar de sal.
- Refrigerar al menos 1 hora antes de servir para que esté bien frío.
Sugerencias de presentación:
- Presentar en un plato hondo con uvas verdes cortadas a la mitad y un hilo de aceite de oliva virgen extra, como en la primera imagen.
- Servir en una taza blanca sobre un plato, con un toque de perejil fresco picado, como en la segunda imagen.
- Añadir unas hojitas de hierbabuena o menta para un toque fresco y aromático.
Consejos adicionales:
- Para un sabor más suave, reducir la cantidad de ajo o escaldarlo antes de triturarlo.
- Si no dispones de pan candeal, utiliza pan blanco de miga consistente para conservar la textura.
- El ajoblanco se puede preparar con antelación y conservar en la nevera hasta 2 días, bien tapado.
- Sirve siempre bien frío, e incluso añade unos cubitos de hielo si la temperatura es muy alta.
Este robot de cocina te ayudará mucho
Ver en Amazon
Enlace de afiliado. Si compras desde aquí, a ti te cuesta lo mismo y El Cuaderno Azul gana una pequeña comisión.

Tiempo de preparación:
- Preparación: 15 minutos
- Reposo en frío: 1 hora
- Tiempo total: 1 hora 15 minutos
Información nutricional (aproximada por porción):
- Calorías: 310 kcal
- Proteínas: 7 g
- Grasas: 26 g
- Carbohidratos: 14 g
- Azúcares: 3 g
Prepara este ajoblanco andaluz y disfruta de un plato fresco, nutritivo y lleno de sabor. ¡No olvides valorar la receta con estrellas! ☆☆☆☆☆
La historia detrás de la receta
Esta receta siempre me ha parecido un plato para valientes, capaz de ser tan potente o suave como el ajo que decidas añadir, con la acidez justa que el buen aceite le regala. Y el pan… esa hogaza redonda de pan candeal, firme y aromática. ¡Una auténtica maravilla!
Me transporta a mi infancia, cuando mi padre —andaluz de nacimiento— nos hablaba de este ajoblanco, fresco y revitalizante, que él disfrutaba en los días en que el calor apretaba. Siempre lo acompañaba con uvas, logrando ese contraste perfecto entre lo dulce y lo salado que convertía cada cucharada en un pequeño festín.
¡Compártela!:

